Penya Barcelonista de Lisboa

dimarts, de juny 08, 2010

DEMOSNOS UN RESPIRO: UN BUEN ARTICULO SOBRE FUTBOL


El auge del fútbol metalúrgico

Martí Perarnau, PERIODISTA


El triplete logrado por Mourinho y el previsible fichaje de Benítez como nuevo entrenador del Inter enmarcan el auge del fútbol metalúrgico, ese estilo de juego compuesto a partes iguales por una táctica vocacionalmente defensiva, una actitud colectiva profundamente solidaria y una predisposición anímica digna del escorpión. Desde hace décadas, el fútbol mundial está dividido en dos grandes escuelas: la atacante y la metalúrgica. Sin remontarnos demasiado en el tiempo, la primera de dichas escuelas entronca el Brasil de Pelé con la ‘naranja mecánica’ holandesa; el Ajax de Cruyff con el Brasil de Zico y Sócrates en el 82; se anota pinceladas de la Argentina del 86, de la Quinta del Buitre y se hace mayor con el Dream Team culé tras una cierta mixtificación del glorioso Milan de Sacchi hasta nuestros días, cuando el séxtuple triunfo del Pep Team y las horas gloriosas de España en la Eurocopa.

Enfrente, la otra escuela, nacida en los altos hornos germánicos y el ‘catenaccio’ italiano cruzando por esos ingleses de pierna fuerte y juego basto hasta que Grecia alcanzó el cenit en 2004 al arrasar con todas las selecciones continentales a base de los tres principios básicos del estilo metalúrgico: táctica defensiva, actitud solidaria y espíritu del escorpión. A esas alturas, Mourinho y Benítez aún no habían perfeccionado su libreto. El portugués, crecido a la sombra de Robson y Van Gaal, buscaba una combinación de estilos que fusionara ambas escuelas. Lo intentó con éxito (salvo la consagración europea) en el Chelsea, donde armó un equipo de hierro pero vocacionalmente ofensivo, un giro al que tuvo que renunciar en el Inter por el inferior talento de sus jugadores y que intentará recuperar ahora en el Madrid. El técnico español, más dogmático en sus creencias metalúrgicas, tras unos primeros escarceos en el Valencia sublimó en el Liverpool los tres principios esenciales de la escuela, llegando a confeccionar 99 alineaciones diferentes en sus primeros 99 partidos al frente de los ‘reds’.

Hierro en la defensa, compromiso espartano en sus hombres y un aguijón afilado fueron las claves de sus éxitos y también de sus fracasos: pocos entrenadores ficharon jamás a tantos futbolistas mediocres para obtener resultados manifiestamente mejorables. Pero dio otra vuelta de tuerca al ‘estilo altos hornos’ del mismo modo que Mourinho reinventó a la Grecia de 2004 al plantar sus murallas en el Camp Nou y también en el Bernabéu. En breve veremos que sus ejemplos cunden a lo largo del Mundial y el próximo curso asistiremos a otra puesta en escena: Mourinho intentando que el Madrid sea el nuevo Chelsea y Benítez buscando un Inter aún más metalúrgico que el visto semanas atrás. ¿Será posible?

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