Penya Barcelonista de Lisboa

dijous, maig 01, 2008

LA CRISIS BLAUGRANA|EL OCASO DE UN SÍMBOLO



La decadencia del 'fantástico'

• La caída de Ronaldinho, que ha completado su peor temporada en el Camp Nou, dio paso al declive
• La convivencia de las estrellas no funcionó y acabó por explotar
Hace tiempo que no se ve a Ronaldinho jugar. Demasiado tiempo. Es cierto que, de vez en cuando, se le ve correr por el Camp Nou. En ocasiones subirse al autobús del equipo, posar en fotos promovidas por el club para reclamar unidad. Pero nada más. Poco, demasiado poco para quien fue la estrella de un círculo virtuoso. Para quien fue el primer fantástico de un modelo que ya ha caducado. Curiosamente, ha muerto por abundancia. Después de Ronaldinho apareció Etoo por el Camp Nou y conectaron. En el campo, solo. Luego surgió Messi de La Masia y la conexión resultó total. El ídolo --Ronnie-- acogió al alumno --Leo--. Hasta que llegó Henry este verano para que, finalmente, explotara todo.
Mira por dónde, vino el delantero francés para estimular a Ronaldinho y no lo ha conseguido. Es más, el propio Henry se ha consumido hasta hacerse irreconocible. Lo mismo le ha sucedido al brasileño. Hace un tiempo, era la felicidad desparramada por el césped. Sonreía en todo momento. Jugaba como los ángeles. Caminaba despreocupado hacia la cima recogiendo todos los trofeos individuales (Balón de Oro, FIFA World Player) que halló a su paso. El fútbol le coronó como el nuevo monarca, asombrado por la transformación que ejerció en un Barça depresivo al que llevó a la gloria. Pero Ronnie duró poco en la cumbre.
Cuesta abajo
Poco para lo que se esperaba, poco para su edad (acaba de cumplir 28 años), poco para el Barça que creía tener una estrella para una década. Le ha durado tres años (2003-2006) porque los dos finales (2006-2008) han sido el retrato de la decadencia. De la decadencia del más fantástico, que emprendió una interminable cuesta abajo. Tan pronunciado ha sido el descenso que aún hoy no se sabe si Ronaldinho podrá despedirse del Camp Nou. Está lesionado desde el pasado 3 de abril y mientras él trabaja en la rehabilitación, se desconoce si podrá jugar en la penúltima jornada de Liga ante el Mallorca en el estadio. Para este domingo ante el Valencia, obviamente, está descartado.
Mientras, Ronaldinho apenas se deja ver. No estuvo en el Camp Nou --o al menos no se le vio-- durante el Barça-Manchester, y poco a poco se ha alejado del grupo. Ni siquiera la protección que ha ejercido Rijkaard --ningún entrenador le ha entendido mejor que el holandés-- ha servido para recuperar al brasileño. Si del técnico depende, Ronnie se despedirá dentro de 10 días de la afición a la que encandiló con su magia y a la que enojó luego con sus visitas al gimnasio que le fueron apartando del césped. Y del fútbol.
Descanso estéril
Así, de forma dramáticamente lenta, tras haber tenido más vacaciones y renunciar a la Copa América, Ronaldinho se ha ido apagando. Ha jugado menos que nunca, pero se ha lesionado más veces y ha marcado menos goles que en sus cuatro primeros cursos. Tras él se han apagado casi todos, excepto Messi, su mejor amigo, el joven que perderá este verano a su compañero, quien dejará el Camp Nou camino de Milán. Quedará Leo porque Henry se ha enredado --ahora se pregunta para qué vino a Barcelona-- y Etoo está desfigurado tras perder la puntería. Cuando se marche Ronaldinho, el modelo fantástico habrá expirado para siempre.

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