Penya Barcelonista de Lisboa

dimecres, d’agost 18, 2010

Cesc 'bomb'


El Barça puede llegar a pagar 45 millones por el 'gunner', la pieza que le falta a Pep

En el pasado Campeonato del Mundo de fútbol, los televidentes descubrieron que los comentaristas españoles eran capaces de pronunciar Schweinsteiger, pero, en cambio, no conseguían articular el nombre de Cesc. El futbolista (todavía) del Arsenal es especial no sólo por estas tres consonantes del apócope de su nombre, sino porque, criado en la escuela del Barça, hace que el fútbol parezca fácil. Tom Jones le podría cantar la banda sonora porque es una verdadera bomba futbolística, un deportista explosivo como pocos. Mañana, Arsène Wenger y Cesc Fàbregas se verán las caras a las 10 de la mañana en la ciudad deportiva del Arsenal y, si todo va como apuntan en círculos próximos a la directiva de Rosell, podría ser futbolista del Barça en los próximos días.

El fichaje de Cesc puede llegar a buen puerto, aunque, sin duda, ha sido el culebrón del verano. Joan Laporta intentó contratarlo antes de acabar su mandato, pero Wenger no sólo se negó en redondo, sino que acusó al club de haberse puesto de acuerdo con el futbolista a espaldas del equipo inglés. Rosell hizo llegar el mensaje de que, si no querían venderlo, esperarían, y en ningún caso harían nada que pusiera en peligro las buenas relaciones que existen entre los gunners y los culés. Antes de irse a disputar el Mundial de Sudáfrica, Cesc había hablado con su entrenador, manifestándole su deseo de regresar al club que lo formó y a la ciudad que le vio crecer. El jugador le explicó que, después de seis años, consideraba que había cubierto una etapa y quería jugar al lado de unos futbolistas que marcaban la pauta del fútbol moderno y que, además, eran sus amigos. Wenger intentó echar balones fuera, pero se comprometió genéricamente a ayudarlo a que fuera feliz.

En el Mundial, Cesc jugó menos minutos de los esperados, pues salía de una lesión. Pero cada vez que saltó al césped ofreció ese plus de calidad que aporta con su talento. El gol de Iniesta en la final contra Holanda fue el resultado de un pase de Fàbregas que dejó al delantero manchego en ventaja sobre los defensas rivales. La complicidad con los futbolistas azulgrana resultó evidente a lo largo del campeonato. Y aun en la celebración del título en Madrid se vio como aceptaba, entre incómodo y complacido, que Puyol y Piqué le colocaran una camiseta del Barça ante las cámaras.

Luego, Cesc se ha marchado a Eivissa con Piqué, buen amigo y mejor aliado en toda esta estrategia para ficharlo. Fàbregas sabe que ahora es el momento. A sus 23 años, cuenta con la madurez suficiente para ser una estrella en el Camp Nou. Pep Guardiola ha pedido su fichaje; de hecho, su incorporación condiciona otros posibles refuerzos, pues la inversión que deberá llevar a cabo el club por el capitán de los gunners puede alcanzar los 45 millones de euros, el tope que se han fijado Rosell y su directiva. El entrenador culé sabe que su incorporación supondrá un plus de calidad, con la ventaja de que puede jugar en cuatro posiciones distintas: por delante de la defensa, como organizador, como interior o como mediapunta. Cualquiera que contemplara el partido de cuartos de la Champions en el Emirates Stadium sabe que, después del soberbio baño que el Barça le dio al Arsenal en la primera hora, lo lógico es que los azulgrana hubieran obtenido una goleada de escándalo. Pero con 0-2 en contra, Cesc se puso el equipo a la espalda. En 20 minutos se inventó una jugada de gol y propició más tarde un penalti a favor que permitió el empate definitivo de los ingleses.

El Arsenal, que se encuentra en una difícil situación económica, hará un buen negocio con la venta de Cesc, aunque se queda sin su futbolista franquicia. El gran capitán quiere cambiar de barco. O no, porque siempre sintió el transatlántico culé como su nave. E la nave va. Viento en popa.

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