Penya Barcelonista de Lisboa

diumenge, d’abril 11, 2010

0-2 en el Bernabéu ante un Madrid menor. La abrumadora suficiencia del Barça


0-2 en el Bernabéu ante un Madrid menor
La abrumadora suficiencia del Barça

- Messi y Pedro decantan con sus goles un clásico rácano y de tono menor
- El Madrid, firme en la primera media hora, se vino abajo tras el 0-1
- El Bernabéu volvió a resignarse y ni siquiera pudo soñar con la remontada


Con esa naturalidad prodigiosa, con ese don con el que convierte en cosa de niños las tareas hercúleas, el Barcelona ganó en el Bernabéu, donde hasta ahora no lo había hecho nadie. Con esa naturalidad del que se conoce la lección de memoria, con esa seguridad en su fútbol, se hizo con un partido que por lo demás decepcionó en todos los frentes. Su suficiencia resultó insultante. Esta vez no precisó del juego con que asombra en España y en el mundo. Le bastaron las apariciones de Messi y Pedro, una en cada tiempo, para tumbar por cuarta vez consecutiva la exigua resistencia de un Madrid resignado a su destino de segundón, casi conforme con no recibir un castigo semejante al de la temporada pasada

11 meses después de aquel histórico 2-6, parte del madridismo volvió a abandonar la tribuna antes de tiempo, con la cabeza gacha, regusto amargo en la boca y la cabeza embotada por las pesadillas. Aunque la peor noticia para Florentino Pérez y su gente fue que el gran rival tomó la colina sin hacer sangre, sin cargar las tintas, tomando prisioneros. Se limitó a ganar eso que decían 'madre de todas las batallas'. Más bien se trató de una escaramuza de patio de colegio. 11 chicos vestidos de azulgrana soltaron un bofetón con la mano abierta, que dicen que ofende más. Los 11 de blanco, entre ellos el rebelde Cristiano, se bañaron en lágrimas de soberana impotencia.

El Barcelona marcó dos goles, Casillas evitó otros dos más, y el líder se marchó tan pancho, con tres puntos de ventaja y una escandalosa pinta de conquistar de nuevo la Liga. Supo resolver la encrucijada planteada por Pellegrini y ni siquiera se permitió el lujo de una resolución angustiosa. Hasta en eso fue desdichado el Bernabéu, a quien la ilusión le duró media hora.

El Madrid trabó el partido y lo quiso llevar a su terreno. Durante media hora lo consiguió. Pellegrini quiso anular la salida de la pelota, con estudiado y rítmico afán en la presión. Nubló la referencia de Piqué y obligó a Maxwell a pensar en exceso. No se ruborizó el Madrid por sentirse bastante inferior ni por obligar a Van der Vaart o sus delanteros a la obligada misión de desgaste. El Barcelona era una versión reducida de lo que acostumbra. Fuera de foco Xavi, atosigado por Gago, su trajín con el balón era pan comido para los blancos.

Se percibía un contrapeso tácito. El Madrid lo admitía bajo el recuerdo del 2-6 y amagaba con el socorrido recurso del pelotazo. Sólo Van der Vaart dejaba algún apunte de primeras. Cristiano, con su habitual despliegue y Marcelo, con sus correrías por la izquierda, ponían picante y poco más. Ante ese panorama, los disparos a portería eran un subgénero de ciencia ficción.

Messi reclamó un penalti, Alonso se estrelló con el lateral de la red y Alves puso un libre directo en la calle Concha Espina. Demasiado respeto mutuo y un tostón que alguien achacaría a los nervios. El más tenso de todos se llamaba Mejuto González, árbitro asturiano, tirando de tarjetas cual adolescente presumida. Amonestó a Alonso por su primera zancadilla y se permitió el placer de hacer lo mismo con tipos tan sospechosos como Messi y Xavi.

Quizá por eso se rebelaron ellos en el minuto 31. Leo había recibido el empellón de Ramos, se levantó sin mirarse y trazó la pared con el '6'. Todavía ahora no se sabe con qué bajo esa pelota, algunos dirán el brazo, pero quebró a Albiol y batió a Casillas por bajo. En cualquier caso, aquello fue el comienzo del fin para el Madr
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