Penya Barcelonista de Lisboa

diumenge, de setembre 19, 2010

El Barça asalta el Calderón a pesar de De Gea


El Barça asalta el Calderón a pesar de De Gea

Ujfalusi, expulsado por una entrada a Messi, quien salió del campo en camilla
Cinco intervenciones mágicas del portero rojiblanco evitan una goleada
Messi y Piqué, goleadores del Barcelona; Raúl García marcó para el Atlético

Los errores estuvieron más presentes que los aciertos en un Atlético-Barcelona distinto al de las anteriores temporadas. Por eso el Barça venció con apuros (1-2) a un rival que se agarró a su portero, David de Gea, para evitar una goleada amplia y que incluso pisó en algún fugaz momento el espejismo del empate. En el descuento, Leo Messi abandonó el campo en camilla tras recibir una patada de Ujfalusi, expulsado con roja directa. [Narración]

En el Barcelona, el gol es consecuencia del dominio y éste del juego. Sus futbolistas saben dónde se sitúa cada compañero, poseen la técnica que precisan tanto los envíos como las recepciones y la inteligencia para abrirse paso a la portería contraria entre defensas y colocar la pelota a la espalda del guardameta. Quizá en la seda que teje Pep Guardiola no haya encajado todavía David Villa, lo que parece cosa de (poco) tiempo.

Control en el centro del campo
Con un limpio ejercicio con el balón en la salida, en pocos minutos el Barcelona impartió el fútbol que mana de sus geniecillos de verde eléctrico, el color de la equipación elegida para romper la mala estadística reciente azulgrana en el estadio del Atlético. Las oportunidades empiezan a palparse como cuentas de un rosario con Villa y Messi en la última intervención y Pedro o Alves en la generación de los pases, profundos, dañinos.

Desbordado el mediocampo local, llega la primera hermosura en forma de gol. O gol y medio, porque Pedro asistió a Villa, éste remató al palo, la pelota quiso volver con el canario, y éste ofreció a Lionel Messi un pase exquisito al lugar exacto donde el argentino, rápido pero suave, superó la indefensa posición de David de Gea: 0-1.

En el Atlético, el juego es consecuencia del gol y éste de la rabia o la imprudencia de un contrario. En este caso, de la ocasional penetración de Simao por la izquierda y de su lanzamiento de esquina cabeceado con fe por Raúl García, que se cruzaron con una desafortunada salida de Víctor Valdés a la frontal de su área pequeña.

Agüero, en baja forma
A pesar de empatar sólo 11 minutos después de encajar el primer golpe y de cierto empuje por el lado derecho, con Ujfalusi, al Atlético siguió sin salirle bien lo que intentaba. No anclaba en el medio debido al desamparo de García y Paulo Assunçao y no conectaba con Forlán y menos aún con un titularizado Sergio Agüero, fuera de forma, a quien terminó por relevar Diego Costa. Simao Sabrosa sólo había aparecido en la jugada y el lanzamiento previos al gol rojiblanco y José Antonio Reyes asomó muy discretamente después del intermedio.

El Barcelona dejó por terminar un par de opciones de marcar por medio de Messi, imparable pero desafortunado en esas ocasiones con el tiro, pero devolvió al Atlético la misma moneda del saque de esquina: error 'xxl' de Diego Godín ante Gerard Piqué, que controló con el pecho y fusiló sin miramientos a De Gea, en una jugada que adelantó al Barcelona apenas pasada la media hora y emitió un mensaje falso: intercambio de goles, otro partido loco.

Exhibición en la portería
La locura, sin embargo, la causó De Gea, el porterazo que ha descubierto el Manzanares y que voló en cuatro ocasiones para detener disparos tremendos y después 'buceó' para quitarle a ras de césped el gol que se le negó a Villa durante toda su voluntariosa tarde madrileña y el segundo de Messi, que se veía ya celebrando el tercero del Barcelona.

A De Gea lo probaron hasta la extenuación: derechazos de Xavi y de Pedro, nada más arrancar el segundo tiempo; zapatazos de Villa, primero con la izquierda y después con la derecha; el mano a mano que le sacó inmediatamente antes de que Guardiola decidiera la sustitución del 'Guaje' y la intervención final con el muslo frente a Messi, quien en su última jugada sintió en el tobillo el 'hachazo' de Tomas Ujfalusi y abandonó el campo en camilla y con inequívocos gestos que barruntan lesión. El checo también se fue, por expulsión.

Al líder de la jornada anterior, el Atlético, no le bastó su portero, ni el coraje, ni pedir dos o tres penaltis por caídas o manos dudosas en área barcelonista. El fútbol sonrió a un Barcelona que está lejos de encontrar su velocidad de crucero, pero que pudo salir a hombros de una plaza de la que últimamente volvía corneado.