Penya Barcelonista de Lisboa

dimarts, de maig 04, 2010

Cuatro goles como cuatro soles


Cuatro goles como cuatro soles
La efectividad de sus delanteros redime al Barça ante el Tenerife en una jornada lluviosa

Hay partidos que no se juegan sino que se resuelven, ni que sea de cualquier manera, sobre todo porque llegan de manera inoportuna, en circunstancias adversas. Así se presentó el encuentro de ayer para el Barcelona en el Camp Nou y así lo ganó, con cuatro pinceladas de sus jugadores más en racha: Messi, por dos veces, Bojan y el infalible Pedro.
No paró de llover en todo el día, la grada estaba muy fría, el campo parecía excesivamente rápido y en nada acompañó el horario. Las ocho de la noche de un miércoles no son horas para ir al fútbol. La liturgia no ayuda y resulta complicado imaginarse un gran partido, y más cuando el rival está en zona de descenso, como es el caso del Tenerife, y la hinchada azulgrana sólo repara en la visita del sábado a Sevilla y en la contienda de mañana en Palma: Mallorca-Real Madrid.

El calendario invitaba precisamente a no tomar riesgos y, sin embargo, Xavi compareció con su raja de tres centímetros en el sóleo izquierdo, señal de que el equipo no daba por ganado el partido. Guardiola alineó a Xavi, y también a Messi y Bojan, y añadió a Ibrahimovic, en una delantera aparentemente poco ortodoxa.

Messi apareció pasado el cuarto de hora para dejar su gol y ratificar que ha recuperado el olfato. La efectividad de La Pulga pareció la mejor medicina para combatir una noche tan peligrosa y desagradable. Xavi profundizó para la llegada de Alves, el lateral centró al segundo palo, guardado por la cabeza de Ibrahimovic, y el sueco cruzó la pelota al otro poste para Messi, que puso su piececito derecho y cantó gol a cámara lenta.

El partido, sin embargo, no quedó resuelto porque al Barça le faltó control, intensidad y pegada. El Tenerife no se sintió exigido y alcanzó el empate con una relativa facilidad después de un error de Puyol rematado por Román Martínez, un volante cedido por el Espanyol. Los centrales azulgrana mezclaban mal en la resbaladiza cancha y los delanteros del Tenerife asomaron de vez en cuando para mantener el suspense del encuentro. A los muchachos de Guardiola les costaba en exceso profundizar y meter pases interiores, faltos de dinamismo, incapaces de generar espacios.

La sustitución de Piqué, medio lesionado, no ayudó precisamente a mejorar el ánimo barcelonista, por más que en su lugar compareciera Pedro, sobre todo porque el central es una garantía en las situaciones límite. El Barça se impacientó, se precipitó y se angustió para suerte del Tenerife.

El partido tenía muy mala pinta para los azulgrana. A la memoria de la gente comenzaron a llegar imágenes contradictorias como el remonte del Madrid ante Osasuna o las dos Ligas que el Tenerife brindó al dream team a costa del equipo blanco. La gente miraba de nuevo al cielo: llueve cuando menos conviene, los volcanes entran en erupción camino de Milán, los partidos se acumulan a deshora y, para rematar, Ibrahimovic parece un pájaro de mal agüero. Hasta que Alves persistió por su flanco y le puso la pelota al espacio para Bojan. Tiró el desmarque el ariete, se perfiló estupendamente y cruzó el balón a la red sutilmente.

Decantado el marcador, Guardiola retiró a Ibrahimovic para hacer sitio a Busquets y garantizarse una mejor posición en la cancha. El encuentro para nada quedó cerrado sino que mantuvo su incertidumbre durante un rato. A pesar de que los barcelonistas aumentaron su intensidad, el tercer gol se les negaba mientras el Tenerife amenazaba con la dinamita de Nino. Al Barcelona siempre le ha costado jugar pendiente del marcador, defender su portería, y ayer se vio obligado a convivir con el riesgo en su propia cancha.

Había que mantener la concentración, extremar las precauciones y, no perdonar si se presentaba la ocasión. Y la oportunidad llegó en un pase de Messi mal interceptado por Sicilia y rematado por la zurda de Pedro. Aunque mediara un tanto anulado a Nino por fuera de juego discutible, el gol de Pedro acabó con cualquier dramatismo y la afición se puso a pensar de nuevo en Mallorca y en Sevilla. Hubo tiempo incluso para un cuarto gol, cómo no, marcado por Messi, camino de la Bota de Oro. En medio de la lluvia, cada gol fue celebrado como si saliera el sol.

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