Penya Barcelonista de Lisboa

dimarts, de gener 19, 2010

La imparable ascensión de Abidal


La imparable ascensión de Abidal
Martí Perarnau/Diari Sport


Al llegar, sus valores eran exclusivamente físicos: “el keniano” le apodaban. Gran capacidad de resistencia, biotipo atlético, fuerte en el choque, veloz en la carrera, infatigable en el largo aliento. Pero todas las virtudes físicas quedaron oscurecidas por la torpeza técnica. Pronto se hizo común el chiste sobre sus pésimos centros a la grada y no digamos su descolocación perpetua: arriba cuando tocaba cerrar; abajo cuando el partido pedía atacar; equivocado casi siempre en la ayuda. Cada dos meses volvía con su selección, que le alineaba de central, y parecía resucitar de las tinieblas barcelonistas: era de nuevo el gran Abidal que conocimos en el Olympique, pero que transitaba trémulo en su paso por el Barça de Rijkaard. Un lateral zurdo de capacidad inmensa se había transformado en un torito manso que corría como pollo sin cabeza, centraba de modo infernal e incumplía los mínimos preceptos de la colocación.

Hoy parece que eso nunca existió, pues Abidal cabalga la banda izquierda con fuerza y velocidad, aporta las mejores coberturas de la defensa blaugrana, avanza o retrocede con acierto y precisión, controla y cede el balón con tacto exquisito, incluso prodigando regates y driblings impropios en un defensa, centra con delicadeza y hasta se permite una diagonal larga y milimétrica al pie de Messi (cuarto gol al Sevilla) que firmaría el mejor Xavi. ¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo un toro fiero se convirtió en torito manso y torpe y cómo ese cisne negro se ha transmutado en pura sangre desbocado?

La respuesta es la adaptación. Técnica y táctica, pero también física. Abidal era un portento físico con un problema serio: no asimilaba bien los esfuerzos muy seguidos. Le costaba recuperarse de entrenamientos con cargas máximas, de ahí que reprodujese el problema sobre el césped y sufriera al jugar dos partidos consecutivos en tres días. El primer año en el Barça nadie se percató del problema: había otros mucho graves que afrontar. Fue a la siguiente temporada cuando el cuerpo técnico advirtió que después de tres semanas de carga intensa, Abidal necesitaba levantar el pie y respirar. Desde entonces, los preparadores le alternan semanas de descarga y Guardiola le sienta en el banquillo cada dos o tres partidos. Esto no lo explica todo. Cuando el vestuario volvió a la senda del esfuerzo, Abidal recibió pedagogía aplicada al estilo de juego: salida del balón desde atrás; respeto a la posición; y precisión en el toque. Recuperado en el físico y con el vestuario apaciguado, el francés logro absorber en pocos meses lo que no había aprendido el año anterior. Y aquí está, hecho un galgo, poderoso, imparable, preciso, compitiendo con Ashley Cole por el título de mejor lateral.

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