Penya Barcelonista de Lisboa

diumenge, de novembre 26, 2006

Barça, a ritmo de récord


Barça, a ritmo de récord
Líder, el Barça. Y líder, Ronaldinho. Equipo más goleador (31 tantos) y Ronnie vestido de pichichi. Un Ronaldinho que anoche sumó, no solo su gol 50 en la Liga, sino el 51, una obra de arte --"De pequeño soñaba dos goles: este y meterlo desde medio campo. Ya solo me falta el de medio campo", dijo el brasileño--, del nivel de aquella providencial volea de Zidane en la final de la Copa de Europa del 2002, o similar a la chilena de Rivaldo ante el Valencia que metió al Barça en la Champions o tan bella como aquel vuelo junto al poste de Johan Cruyff ante el meta Reina del Atlético.
Fue el gol 51 de Ronaldinho y el 4-0 de un partido que Madrid intentó calificar de "escándalo" porque arrancó con un penalti a Gudjohnsen (Cygan le derribó estirándole la camiseta), que transformó Ronnie iniciando su cuenta personal y extendiendo la alfombra roja que conduciría al Barça a una ya tradicional goleada. Porque también ahí el equipo de Rijkaard va camino de un gran récord: las nueve victorias que ha sumado lo han sido por tres y hasta cuatro goles, como anoche y como en Palma.
Y es ahí donde emerge un Barça arrollador, que iguala, con 29 puntos en las 12 primeras jornadas, su mejor arranque, también con Rijkaard, de la Liga 2004-05 (campeón) y supera por un punto los fulgurantes inicios de Van Gaal (28 en 1997, campeón) y Robson (28 en 1996).
UN BARÇA PLETÓRICO
Un Barça que no se acordó anoche ni de Etoo ni de Messi, que ve crecer y crecer a Iniesta (anoche el Camp Nou, ¡por fin!, se rindió a su niño coreando su nombre tras su golazo de semivolea), que ha olvidado a Larsson gracias a la eficacia de Gudjohnsen (con mejor promedio ya que el sueco) y que, por suerte para Joan Laporta, hará olvidar, hoy mismo, las humillaciones que sufren los equipos de baloncesto de Dusko Ivanovic, vapuleado ayer en Madrid, y el de balonmano de Xesco Espar, que acaba de despedirse del título sin pisar diciembre.
Otra noche prodigiosa de la mano del mago Ronaldinho (él sí merece el Balón de Oro), que concluyó con una acalorada petición de Rijkaard, que ya piensa en metas mayores: "¡Ojalá la noche del Werder tengamos este público! Con su aliento lograremos tan ansiada victoria!".