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dilluns, de gener 17, 2011

Ir paso a paso, la mejor receta azulgrana por Marí Perarnau. El Periódico.com


Ir paso a paso, la mejor receta azulgrana
por Marí Perarnau

Cuatro puntos de ventaja al terminar la primera vuelta es mucho más de lo que preveía Pep Guardiola cuando planificó la temporada. Ahora parece muy lejano en el tiempo, pero el Barça empezó la Liga de rodillas y descuartizado. Ocho de sus jugadores, y además titulares azulgrana los ocho, habían conquistado el Mundial a mediados de julio acumulando la mayoría de ellos 36 meses prácticamente consecutivos de competición al máximo nivel sin más descanso que unas breves semanas veraniegas. El mismo día que estos ocho jugadores regresaron de su descanso tuvieron que embarcarse en un viaje transoceánico con la selección, al que siguieron otras peripecias no menos agotadoras que generaron dos consecuencias: acumulación de fatiga y un inicio tambaleante en la Liga.
Visto el panorama, los preparadores físicos y Guardiola planificaron que el equipo no se pondría en forma hasta finales de octubre, objetivo que se cumplió con notable puntualidad. Y en la mente de los técnicos anidó otro criterio: la previsión de que el Madrid de Mourinho, entrenador que gusta de iniciar en tromba sus temporadas, quizás alcanzaría el Camp Nou con cuatro o cinco puntos de ventaja. No sucedió así porque, tras los titubeos iniciales, el Barça se solidificó alrededor de su estilo de juego y dos meses más tarde, la previsión ha dado la vuelta y es el equipo de Guardiola el que cuenta con cuerpo y medio de adelanto sobre los jinetes madridistas. Diferencia nada significativa y que puede limarse al menor tropiezo, pero que difiere notablemente de las previsiones de los técnicos.

Por el camino, récords pulverizados en cualquiera de las modalidades y la sensación de equipo conjuntado, firme en sus ideas, generoso en el esfuerzo, comprometido en los valores colectivos y delicioso en el estilo. Un equipo que juega de memoria, pero porque trabaja esa memoria cada día en los entrenamientos hasta el punto de que genera sensaciones de facilidad en el manejo de jugadas imposibles. Arquitectos de la escuadra y el cartabón, repartidores de caramelos, proveedores del gol, rematadores implacables, estos chicos no caminan con pasos de gigante, sino partido a partido, sin mirar demasiado lejos a fin de evitar la ceguera del horizonte excesivamente ambicioso.

Siguen teniendo un único objetivo: competir. Ser altamente competitivos, receta imprescindible para seguir venciendo.

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